miércoles, 17 de febrero de 2010

Aquella tarde en la que me enamoré

Todos nos enamoramos alguna vez. Yo me enamoré un domingo por la tarde cuando salía de misa de ocho acompañado de mi buen amigo Calimero (8 p.m. como habrán supuesto los lectores más avispados)
Oficiaba la ceremonia un amigo común de Calimero y mio, un sacerdote murciano por el que siempre hemos sentido una gran admiración y simpatía.
En el interior del templo descubrí una cara conocida. Era nuestra gran amiga Anita que en ese momento se dirigía al confesionario para poner su alma en paz con Dios. (Siempre, mientras un cura oficiaba misa, otro confesaba a los fieles, más bien a "las" fieles)
Olía a incienso y se respiraba paz, mucha paz, porque la misa de esa hora suele registrar una entrada muy floja, y eso que es gratis.
La santa misa transcurría con la devoción de rigor. Reparé en un detalle, parecía que Anita no iba a terminar nunca su confesión. Supuse que debía tener un kilómetro de pecados nuestra buena amiga pecadora. Se había formado una cola de beatorras murmuradoras esperando que terminase Anita para confesarse ellas. Una de las beatas intentó colarse y varias la abroncaron con energía, mientras el resto prorrumpía en siseos para acallar el tumulto.
"Confiésate también de que querías colarte, mala pécora", dijo una de ellas a la que llamaban "La Tsunami" por su impetuosidad; "Colarse no es pecado, sabionda", respondió la aludida; "Pues entonces le cuentas al pater lo que hicisteis el Nemesio y tú en el pajar de la señora Eulogia"; "Yo le cuento al cura lo que me sale del higo, envidiosa"
Anita volvió la cabeza e increpó a las reñidoras: "¡Callaros, coño, que no me dejais que termine de contarle a Don Froilán lo del orgasmo de la otra noche!" Los que escuchábamos misa nos llevamos el dedo índice a los labios en un impulso colectivo e hicimos: "¡Chssssss...!"
Nuestro amigo el oficiante concluyó la ceremonia con un "podeis ir en paz", al que ritualmente contestamos la media docena de asistentes con un "demos gracias a Dios" Calimero lo dijo en un tono un tanto sospechoso. Había empezado su crisis de fe pero yo aún no lo sabía. Una crisis de fe que le dura hasta hoy, ¡pobrecillo! Yo trato de reconducirle al redil pero no hay manera.
Y al salir de la iglesia..., al salir de la iglesia...¡Joder, que no recuerdo yo ahora de quién me enamoré al salir de la iglesia!... Pues vaya memoria que tengo. Y eso que ha sido la única vez en la vida que me he enamorado... que yo recuerde.

7 comentarios:

Obdulio de Oklahoma dijo...

Me despido hasta el lunes. Tengo que hacer un trabajo de ordenador que me va a llevar todo el tiempo del que dispongo y más.
El lunes contesto a los comentarios que me dejeis al pie de este post y cuelgo un post nuevo.
¡Muchas gracias por todo!
(He contestado a comentarios del post de abajo y a algunos de más abajo de Anita)

Jesús dijo...

Pero no te olvides de ir el domingo a misa.
Primero la devocion despues la obligacion

SALUSTIANA dijo...

No imaginaba yo, buen hombre que usted iba a misa. Yo también lo hago pero mis motivos son bien distintos. No obstante, yo entiendo porque esas feligresas hacían cola para confesarse. Seguramente es para poner cachondo al cura,a ver si se anima y les da caña. Hay gente que se pone muy berraca solo contando las guarradillas que hacen o las que se imaginan que hacen. Yo ya pasé mi crisis de fé y me enamoré, es más yo me enamoro de todos los curas con los que me encuentro, sobre todo si son mancebos jóvenes y de buen ver. Luego, una vez me desfogo se me pasa la tontuna y vuelvo con mis cerdos, que esos si que son nobles y buenos. Pues me ha dejado usted con las ganas de saber de quien se enamoró usted y de si consiguió arrastrarla al catre. Espero que se le de bien ese trabajito del que habla. Yo mientras tanto seguiré alimentando a mis puercos. Saludos de los mismos

calimeroesmalo dijo...

¡ Que buenos recuerdos me trae esa tarde Don Obdulio!
¡ Recuerdo muy bien que todos los días después de misa el curita me hacía fregar el suelo en tanga y luego me hacía sentarme en sus rodillas para confesar sus pecados, si había sido malo ( como siempre) me pegaba unos azotes ( a veces unos mordisquillos suaves que soy muy sensible jiji) y así no tenía que rezar que era un peñazo!
Recuerdo, si que recuerdo la lista interminable de pecados de ANITA, ¡ Uff la pobre y ni la pudo terminar!
Creo que recuerdo algo de una moza bien vestido con la que usted se arrejuntó de pechos turgentes y mirada atrevida.
Sino como dice FITO cuando tocaba en PLATERO Y TU:
" Ella está gorda y es fea, es sordomuda y cojea , pero en la cama se lo hace muy bien"
jajajajaja ( mejor que nada).
¡ Un saludo y buen fin de semanada!

ANITA dijo...

Ohhh mi querido Obdulio esa tarde fue inolvidable e interminable. Yo acudí para poder redimir mis pecados, pero el padre confesor cuando le dije lo que había echo con las manos y algún chorizo que llegó a mis manos, me dijo "hija mía cuenta con detalles si no puedo perdonarte". Con ese pudor que me caracteriza y haciendo gala de mi obediencia cristiana relate paso por paso todo el pecado cometido.
Cuando me callaba por pudor el buen señor me decía con una voz algo entrecortada "siiiguee sigueeee hijaaa miiiiaaa" Y yo segúi para llegar a tiempo de poder comulgar pero no pude y lloré amargamente. En un descuido de confesor pensando se mareó asome mi cabeza dentro de la casita de las confesiones, por si le podía ayudar, y solo vi a un señor con los ojos vueltos, y una mancha blanca en una de las paredes del confesionario.
Me fuí sin recibir la absolución porque olía mal dentro y sentí ganas de vomitar.
Esa noche pequé otra vez y por partida doble use un condón.
No he vuelto desde ese día mas.
Mea culpa, no puedo dejar de pecar y como dice un dicho.
LA JODIENDA NO TIENE ENMIENDA
JAJJAJAJJAJJAJAJA.
Besos pecadores

ANITA dijo...

Por cierto borré dos comentarios, el primero porque me di cuenta que corté palabras y el segundo para corregir, pero me di cuenta que me comí mas palabras jajaaj pues eso que lo puse de nuevo mejor jjajja.
Madreeee el latex y el sexo alteran las neuronas jaja.
Besos arrepentidos

Obdulio de Oklahoma dijo...

¡Ay, ay, lo que se encuentra usted en los confesionarios, pecadora!...
Así es, la jodienda no tiene enmienda, Doña Anita, aunque los "enviados de Dios" se empeñan en enmendarnos.
¡Besos sin complejo de culpabilidad!

Eso es, Don Calimero, la lista de pecados de Anita era tan larga que necesitaba empalmar una confesión tras otra. ¡Jo, las penitencias serían interminables!
¡Abrazos cordiales!

Pues se le van a acabar los curas mancebos jóvenes, Doña Salustiana, porque la crisis de vocaciones es muy grande. Para los calendarios esos de curitas cachas utilizan modelos.
¡Besitos a sus puerquitos y a usted un besazo!

Yo soy como los mendigos de las iglesias, no paso más allá de la puerta. El relato es pura ficción. Sí me gusta visitar algunas catedrales que merecen la pena por sus obras de arte.
¡Abrazos, Don Jesús!