lunes, 17 de enero de 2011

Piedras sospechosas

Ayer subí a la montaña. Hice una vez más, y van siete, mi caminata ascendente favorita, la que va desde la puerta de mi casa a un monte coronado por una soberbia peña. En la peña hay una enorme cruz de hierro de unos 6x4 metros. Y allí disfruto de una panorámica fabulosa de Murcia, hago algunas fotos y meriendo fruta y galletas.
Es hora y media de subida fuerte pero de las que te dejan el cuerpo muy bien entrenado y con ganas de volver. ¡No apto para fumadores, je, je, je!
Sin embargo, he iniciado este post para relatar la parte anecdótica de mi subida de ayer. En varios puntos del camino, justo en medio del mismo, conté hasta cuatro piedras de enorme peso y volumen. Daba la impresión de que habían sido puestas a propósito, justo en la mitad del ancho del camino, una anchura un poco mayor que la de un coche. Imposible moverlas con la fuerza de dos o tres personas, dada su dimensión.
No obstaculizaba el paso de caminantes como yo, ni de ciclistas de mountan bike, ni de motociclistas de trial. Pero estoy seguro de que por allí no podrá pasar ningún vehículo de cuatro ruedas. No es que el tráfico de estos vehículos sea incesante, pero muy de vez en cuando pasa algún todo-terreno: personal forestal, propietarios de alguna finca, de limonares... que también los hay por ahí arriba.
¿Se trata de una putada para fastidiar a alguien? Imposible que se haya debido a una avalancha de piedras porque por aquí sigue reinando un tiempo casi primaveral, sin apenas viento y con temperaturas de hasta 22 grados del mediodía a media tarde.
Esta es una región muy pacífica, dicen, pero a mi me consta que hay paletos con muy mala hostia, y como muestra tenemos la paliza que le dieron el otro día a un político.
Alguien tendrá que hacer el esfuerzo supremo de mover esas piedras si quiere pasar con su coche. ¡País!...
Otras novedades: Vi una culebra muerta, una liebre que corría, un motociclista que bajaba a toda hostia, un ciclista que ascendía titánicamente y una chica con un perro blanco grande que olía a las liebres pero no las pillaba.
Me tomé una cervezota en un bar del pueblo anterior al mio. Y como colofón me llevé un alegrón porque el Madrid no pudo ganar al Almería.

2 comentarios:

El Periódico de El Prat dijo...

Toda una excursión. Lo de las piedras me parece bien, debe ser obra de los ecologistas, que duda cabe que los todoterrenos son una amenaza al planeta y a la civilización, y si lo conduce un político cafre ya no te digo. Me callo para no meterme en lios, que soy anti-violencia.

Obdulio de Oklahoma dijo...

También podrían ser aerolitos, o quizá los reticulinianos nos envían sus chinitas con catapultas de alcance sideral.
¡Buen día, rey de la redacción!