lunes, 4 de julio de 2011

Un abuelo de tebeo

Eran sus tesoros más queridos, no pensaba desprenderse de ellos por nada del mundo: un bote de espinacas vacío que perteneció a Popeye, una fotografía dedicada de la Abeja Maya, una camiseta firmada por Oliver y Benji y el manuscrito original del libro "Memorias de un combatiente" del Abuelo Cebolleta. No había forma de convencerle de que no necesitaba esas cosas en el asilo, que mejor que se las dejase a los nietos.
Tengo nietos?", preguntó con voz queda. La memoria le fallaba mucho en los últimos años.
Sonó el teléfono y Zip y Zape corrieron a ver quién lo cogía. Ganó Zipi.
- Abuelo, es Bugs Buny, que si puedes ponerte un momento.
Una lucecita en la mente le hizo recordar al simpático conejo.
- Qué hay de nuevo, viejo?", le saludó este.
- Que me echan de casa, hijo", respondió apesadumbrado el anciano; "Aquí estoy sobrando ya, soy un trasto viejo", se lamentó el buen hombre.
- "Vente con nosotros al mundo del comic", le invitó el conejo revoltoso. La gente de los dibus era pródiga en generosidad.
Murió al día siguiente y se convirtió en un abuelillo muy cañero que siempre termina en las historietas dándole bastonazos a su yerno, pero con un fondo de buenísima persona: le ayuda a cruzar la calle a Rompetechos, le invita a pollo asado a Carpanta y le cambia los pañales a Angelito. Por fin tiene un lugar en donde sentirse útil y querido.

Esta es la primera de una serie de historias surrealistas que irán surgiendo poco a poco. A medida que me hago viejo, la realidad y el realismo me aburren más.

2 comentarios:

El Periódico de El Prat dijo...

Lo mismo le pasaba a Garcia Marquez, y mira como acabo. Premio Nobel.

(procuro no poner acentos para que no salgan cosas raras en tu pantalla)

Obdulio de Oklahoma dijo...

Muy agradecido, señor director.

Yo no aspiro a ser García Márquez ni Fernando Alonso, sólo a vivir tranquilo, aprender inglés y que deje de dolerme la espalda.

Abrazos!