domingo, 26 de septiembre de 2010

Viaje maldito... ¡maldito viaje!

Era un viaje ilusionante, un deseo que llevaba acariciando desde hacía mucho tiempo. Iba a subirme por fin a aquel tren en el que no viajaba desde niño. Tenía el corazón a cien. Subí... Y el tren arrancó en medio de una algarabía general de viajeros infantiles. La locomotora nos arrastró hacia el interior del tunel. Se hizo la oscuridad y sonó más fuerte el traquetreo de las ruedas sobre los raíles. Noté que alguien se había sentado a mi lado.

Le conocí por la voz, era el presidente Rodríguez Zapatero. Me habló. "Debes aceptar como buen ciudadano las medidas anti-crisis del gobierno. Te lo digo con mi mejor talante" No me lo creía. ¿Esto me estaba pasando a mi?... El presidente elevó el tono de voz y pasó un brazo sobre mis hombros en actitud paternalista. "No consigo sacarles un miserable euro a los ricos, no colaboran. Tenemos que ser nosotros, los ciudadanos demócratas, quienes levantemos el país. No vayas a la huelga del 29, acepta los nuevos impuestos, apriétate el cinturón y ya verás como dentro de cuarenta o cincuenta años salimos de la crisis, se acaba el terrorismo y dejan de existir el PP y la Conferencia Episcopal.

El tren salió del tunel y el presidente Zapatero desapareció como por arte de encantamiento. ¡Jesús, qué aparición más extraña!... Volvimos a internarnos en el tunel y sentí una nueva presencia a mi lado. "Así que crees en el cambio climático pero no crees en la guerra, je, je", me dijo José María Aznar en tono de reproche. "¡La guerra es necesaria, sociata imbécil!", y subió el tono de voz gritándome casi en la oreja. Y, no conforme con ello, me hizo el conocido gesto grosero con el dedo corazón. Pero aún fue más allá, intentó meterme el dedo en el ojo. Forcejeamos un rato y me salvó la aparición de la luz. Otra vez me hallaba fuera del tunel y muy aturdido por tan extrañas apariciones. Pensé en lanzarme en marcha del tren, pero, mientras me hacía esta reflexión, ya estaba otra vez en el interior del tunel.

Nuevamente alguien se había sentado a mi derecha. Reconocí la voz beatífica que me dijo: "Triste es pedir pero más triste es robar. Regáleme un lote de trajes caros, caballero, obséquieme con algo digno de mi estatus y yo le recalificaré unos terrenitos en Valencia. Sepa usted que soy muy poderoso, hasta el Papa me recibe en audiencia" Yo seguía muy asustado aunque esta vez el personaje no intentó agredirme. El Molto Honorable fue fiel a su sonrisa y dulzura.

Los chillidos de la grey infantil cesaban como por ensalmo cada vez que el tren asomaba al exterior, pero en el tunel nos esperaban nuevos contactos terroríficos. Cada incursión en aquel estrecho pasadizo ferroviario me deparó nuevas angustias y miedos. Rajoy me echo en cara que yo era uno de los culpables de que se rompiese España. "¡Nos vamos a quedar todos sin chuches!", gritó encolerizado. Cándido Méndez y Fernández Toxo me llamaron "esquirol de mierda", amenazándome con enviarme un "piquete informativo" para que me rompiese todas las costillas. Los monseñores Rouco Varela y Munilla me afearon mi afán masturbatorio y proabortista y aprovecharon para recordarme que me iba a asar en el Infierno como un pollo en el quiosco de Anita. Los toreros me insultaron por mi antitaurinismo y blandieron sus estoques desafiantes. Unos etarras con txapela y pasamontañas se empeñaron en que negociase con ellos. "¡O negocias o te pegamos un tiro en la nuca, españolista de mierda!"

Y el más desagradable de todos los encuentros fue el último. Doña Rita Barberá llegó a agredirme con su bolso de Vuitton en el que previamente había introducido un ladrillo. "¡Dale fuerte a ese hijo de puta, dale!", jaleaba otra mujer a la que enseguida reconocí, era Doña Esperanza Aguirre.

Por fin se detuvo el tren. ¡Uf, qué descanso!... Juro que, en lo que me queda de vida, jamás volveré a subirme al tren de la bruja. Los niños que se apeaban conmigo seguían felices entre gritos y risotadas. Desde luego, yo ya soy un carroza, no estoy para estas emociones tan fuertes.

Tras avanzar unos metros, volví la vista atrás y entonces lo comprensdí todo. La atracción se llamaba: "Tren de la Bruja con bolso de Vuitton y resto de frikis" Antes no había reparado en ello.

10 comentarios:

Jesús dijo...

Que experiencia mas desagradable, todos los demonios familiares de la España mas siniestra.

Obdulio de Oklahoma dijo...

Para que vea usted lo que se puede sacar del tren de la bruja, ¡je,je!
¡Abrazos!

calimeroesmalo dijo...

Peor fué lo mio, me metí en el tunel del amor y Aznar no trato de meterme en el ojo precisamente el dedo.....
jajajajajajajajajajajajajaja
¡ Cojonudo Obdulio! ¡ Eres un crack!

Alfonso dijo...

Ese no era el tren de la bruja, ese era el tren de ¡¡¡los horrores!!!... Ciertamente es para salir del tunel traumatizado con brujas de ese calibre.

Creo que no habia cumplido aun los 18 años cuando tuve la oportunidad durante una feria de mi barrio de hacer de "bruja de la escoba". Conocia al dueño de la atraccion (era amigo de su hijo) y el chaval se habia accidentado no pudiendo, entonces, hacer de bruja en el tren. Le demostre al dueño la agilidad de la que entonces hacia gala y disfrazado de bruja, con una pequeña escoba de palma en la mano, me dedique a despeinar a todas las chicas que tenian la "osadia" de montarse en el tren de la bruja. He de reconocer que me pase las tardes-noches de aquella semana de fiestas, en vacaciones, de lo mas divertido. Acababa agotado, pero me rei a gusto por la cantidad de escobazos que llegue a repartir escondido tras aquel disfraz. Y ademas me gane unas pesetillas, que tampoco me vinieron mal.

Un abrazo.

ANITA dijo...

AGGGGGGGGGG si yo esta mañana publiqué un comentario y no está.
Puffff.
En fin le decía que para otro día se coja la bicicleta y así no le pasará nada malo, salvo un hijo puta sin carnet ni seguro de coche le atropelle.
Me ha espeluznado lo de Aznar y su dedo joer.
Francamente genial caballero
Besos haciendo la maleta ya

Obdulio de Oklahoma dijo...

¡Jo, qué sexualidad más rara tiene Aznar, Don Calimero!... ¿Y por qué no hay controles a la entrada del tunel del amor para que no se cualen pervertidos como Aznar?
¡Abrazos!

Obdulio de Oklahoma dijo...

Bonita experiencia juvenil, Don Alfonso. Seguro que no se limitaba a darles con la escoba a las mozuelas. Quizá se sentó al lado de alguna y... quizá una manita por aquí... Estos tuneles, aunque sean cortos, inspiran procederes pecaminosos.
¡Abrazos!

Obdulio de Oklahoma dijo...

¡Joder, Doña Anita, ¿ha publicado un comentario aquí y ha desaparecido?...! ¡Pues bienvenida al club! Recientemente publiqué yo uno en el blog de Don Alfonso y también voló.
"Besos haciendo la maleta" ¿Le da un beso a cada objeto o prenda que introduce en la maleta? Hombre, besar los calzoncillos del Cocodrilo puede tener su puntito erótico para usted, pero besar el cepillo de dientes, las zapatillas...
Besos haciendo el gilipollas en Internet tempranito.

a tomar por culo dijo...

Amigo mío, has plasmado con total realismo lo que es esta, nuestra España, paaaña¡¡ Después de todo no somos más que un puñado de niños subidos a un ren de la bruja terrorífico, y solo, los más avezados somos conscientes del terror que encierra. El resto de los españoles "niños2 viven felices en su desconocimiento de lo que les rodea. Felices como perdices comiendo chuches y embotando sus acartonados cerebros con telecinco y otras cutreces. Besos¡¡¡

Obdulio de Oklahoma dijo...

Vaya, ha buscado usted un interpretación "profunda" a mi escrito y sólo he pretendido hacer una cachondada para reírme yo el primero. Pero puede valer su interpretación como metáfora. Gracias por otorgarme unos alcances intelectuales de los que carezco.
¡Besos!