sábado, 26 de diciembre de 2009

Pepe Noel (Un cuento navideño)

Pepe Sotomenor era un prejubilado solitario que subsistía con una paga mezquina. Vivía con lo justito y dejaba pasar los días rellenando crucigramas, jugando a los dardos en un pub, viendo televisión y arrojando mendrugos de pan a los patos del río.
Pepe había trabajado los últimos años de segurata y guardaba un secreto en el colchon de su casa: un arma corta y su correspondiente munición. Procedía de un delincuente que había disparado en un atraco, abandonándola en su huída. Pepe la recogió sin dar parte a sus superiores. El robo de la "pipa" era la única golfería que se había permitido en su etapa de segurata, y a la vez su secreto mejor guardado.

Sufría escuchando a los niños y a su vecina de abajo. Esta era una mujer morena y menudita, prematuramente envejecida desde que la abandonó el alcohólico de su marido. Tenía a su cargo cuatro niños pequeños, hijos suyos y del borracho. Los sacaba adelante como podía, pero últimamente las cosas se estaban torciendo. No le salían suficientes trabajillos como limpiadora y tenía mucha dignidad para trabajar de puta. Sobre ella rondaba una terrible amenaza, en cualquier momento podían quitarle la custodia de los niños. Y en Cáritas las cosas estaban muy difíciles, la crisis había aumentado el número de necesitados hasta cifras alarmantes.
Pepe Sotomenor se exasperaba cada vez que oía a los niños exclamar: "¡Mamá, tengo hambre!, ¡mamá, tengo hambre!..."

Miró en la cartera y frunció el ceño, sólo le quedaban treinta y siete euros para terminar el mes, y aún no había llegado la Noche Buena. Decidió tirar para adelante con un par de cojones. Por una vez en su anodina vida, iba a intentar algo que mereciese la pena.
Se compró un disfraz de Papa Noel barato, 14 euros en una tienda de artículos festivos, barba y gorro incluídos.
No llamó la atención de los viandantes porque la calle estaba infestada de pobres parias disfrazados de Papa Noel, hombres reclamo de grandes y pequeñas tiendas. Aquella sucursal bancaria era su objetivo crucial. Caminó resuelto hacia ella. ¡Había que cargar el saco a toda costa!

"Deme todo el dinero que tenga por ahí" La primera reacción del bancario fue sonreír. Contemplando el disfraz de donde surgía la voz, pensó que se trataba de la broma de algún amigo. Pero aquellos ojos furibundos que destacaban sobre la nívea barba; aquel cañón apuntándole directamente a la frente... le helaron la sonrisa.

Y la cosa salió bien. La policía detuvo a unos cuantos papanoeles pero no dio con el "verdadero".
Se desentendió del disfraz en los lavabos de unos grandes almacenes. Arrojó la "pipa" al río cuando vio que no era observado. Por poco le da a un pato en la cabeza.
Compró pollos asados, chocolate, leche, turrón, mazapanes, chucherías... Subió de dos en dos las escaleras a pesar del peso de las bolsas. Las colocó junto a la puerta de su vecina. Dentro de una de ellas había un sobre con 1.000 euros. Dejó también una nota en la que ponía: "Disfrútelo, es un regalo de Pepe Noel" Tocó el timbre y subió de tres zancadas a su piso.

Arrimando la oreja a la puerta de su casa escuchó las reacciones de los niños y la madre. "¡Yupi!, ¡comida, mamá!, ¡comida!..." Las exclamaciones de entusiasmo subían a su piso y al cielo celestial. Uno de los niños observó: "Se ha equivocado, mamá, es Papa Noel, no Pepe Noel"; "No, no se ha equivocado", dijo la madre elevando la mirada al piso del vecino enigmático y no sabiendo si reír o llorar. Más de una vez había dicho: "Este vecino tan raro, algún día nos da una sorpresa"

Con el dinero sobrante, osea, con casi todo, se autohomenajeó con un viaje por Europa, que él era justiciero pero no tonto. Una idea empezó a rondarle la cabeza: Compraría otra pipa en el mercado negro y lo intentaría de nazareno en la Semana Santa de Sevilla, pero... ¿el capirote pasaría por la puerta del banco o habría que agacharse mucho?... A lo mejor con un sombrero y un antifaz del Zorro y una túnica de nazareno... No, no resultaría creible. "Es igual, algo se me ocurrirá. Lo que sobran son pobres!
Acababa de nacer "el atracador de los mil disfraces" Pero para aquella mujercita menuda siempre sería "Pepe Noel"

8 comentarios:

ANITA dijo...

Este Pepe Noel me ha caído bien.
Me gustó mucho su historia, fantástica para estos días navideños.
Espero encontrarme un día con un vecino así no estaría mal. De momento el único que destaca es el gilipollas de árbol raya carrocerías.
Besos mangantes.

Jesús dijo...

Atraador, una profesion de futuro. Pero no es facil, El Solitario solo hay uno.

Obdulio de Oklahoma dijo...

Ya ni eso, El Solitario ha sido reducido a la nada. Le perdió poner el dedo en el gatillo.
¡Abrazos!

¡Jo, Anita, estás mediatizada con el "gilipollas del árbol"!. Un buen título para un cuento: "El gilipollas del árbol", aunque quizá suene mejor "El árbol de los gilipollas"
¡Besos arbóreos!

Obdulio de Oklahoma dijo...

¡Bravo, Anita, excelente relato navideño atípico pero realista el que acabo de leer en tu megablog!
Los "muñecos escaladores" parece que se están pasando de moda. Cada vez me encuentro menos por esos balcones de Dios.
Pues a mi no me importaría pasar una "fecha entrañable" de estas con un plato con los siguientes manjares: Huevos fritos, patatas, chorizo frito y tomate.
En la comida de compañeros de este año se ha caído en la misma "modernidad" de siempre: platitos con pijadas para picar. Ni un primero ni un segundo en condiciones. Joder, lo que mola es un buen cocido montañes o una paella, y de segundo un entrocot con su guarnición o un buen pescado. Pues no, venga platitos con chorraditas.
Hace un rato me han abordado dos chavales en la calle, tendrían 12 o trece años. Las manos en los bolsillos y sonrisa de vaciletas: "¿Nos da el aguinaldo...?" como quien dice "¿tienes un cigarro?" Me he reprimido de mandarles a la mierda y les he dicho que no llevaba dinero encima. Eso no es pedir el aguinaldo (música, villancicos, zambombas, etc) eso es "introdución a la mendicidad"
Pues lo de "la puta de la cabra" lo veo más entretenido que los villancicos sinsorgos.
Tenías que haberles dado con el barra de pan en la cabeza a cada una de las marujas pedorras.
¡Besos con olor a queso de la puta de la cabra!

Johnny dijo...

Si el solitario no hubiese matado a nadie... para mí sería un héroe.

Muy buena historia.

Obdulio de Oklahoma dijo...

Teniendo en cuenta el comportamiento de la banca que sigue negando créditos a pesar de las ayudas del gobierno, estoy por darte la razón, amigo Johnny. Sólo hay un pequeño matiz: El Solitario no lo compartía con los pobres.
¡Abrazos!

Alfonso dijo...

Felicidades Don Obdulio. Bonito y aleccionador cuento de Navidad. Y mira que me temía lo peor, que la vecina y sus hijos hubiesen sufrido una desgracia cuando nuestro héroe decidió dejar en su puerta las viandas que tanto reclamaban, cual Carpanta desesperado, y no pudieran disfrutar de ellas. Cualquier robo a un banco no es tal, es un reintegro de efectivo aunque algunas veces está hecho a lo bestia... ¿Pero robo?...

Robo es la comisión de 30 euros que la Caixa de Catalunya le cobró a mi padre que cobra 540 euros de pensión porque tuvo un descubierto de 14,15 euros el mes pasado durante tres días. El mingo que les monté fué de órdago. A base de diatribas que caían como mazazos, puse a los tres empleados de la sucursal con la cara colorá, y aunque entiendo que la culpa no es de ellos alguien tiene que escuchar las razones que me "inspiraron" semejante felonía. Huelga decir que le devolvieron el dinero. Estaba dispuesto a llegar donde hiciese falta. Que atracan a los bancos, dicen...

Obdulio de Oklahoma dijo...

Es un orgullo para este bloguero volver a tenerle aquí, Don Alfonso, y si no le he contestado antes es porque he estado de viaje.
Lo de su padre tuvo un final feliz, pero es una lástima que siempre haya que liar una gorda para que los usureros se atengan a razones, y no siempre hay un final satisfactorio.
¡Muchos abrazos!