lunes, 6 de junio de 2011

Relatillos superficiales (VI)

Caminando hacia la nada

Caminaba el abuelo a pasos renqueantes y golpecillos de bastón, sin ir a ningún sitio, caminándose el camino como tantas tardes apacibles de primavera, sin otra meta que la de dar un giro de 180 grados en el punto de siempre e iniciar el regreso a su casa, en donde le esperaban su hija y su yerno, discutiendo a grito pelado, y la prole de nietos alborotadores.
De pronto se encontró una herradura. La miró un instante y decidió agacharse y cogerla, aunque le suponía un esfuerzo terrible para sus debilitados huesos. Después la arrojó hacia atrás para que le diese buena suerte.
Todo le había ido mal en sus ochenta años de caminar el camino de la maldita existencia, pero lo de la herradura era una costumbre adquirida, una superstición más, un entretenimiento pueril, una chuminada...
Se acordo de que tenía que sellar la quiniela... sin falta, no fuese a tocar algo gordo!... Y enfiló, bastoncillo por delante, hacia el despacho de las apuestas.
Al día siguiente ya no salió a caminar. Murió dos días después. Su hija y su yerno discutieron durante el velatorio. Los nietos estaban contentísimos porque no les habían mandado al colegio, y es que todos los días no se nos muere un abuelo, qué guay!

4 comentarios:

El Periódico de El Prat dijo...

Lo ultimo que se pierde es la esperanza de una vida mejor...aunque sea en el mas allá.

Obdulio de Oklahoma dijo...

Pues sí, aunque eso del "más allá" cada vez me suena más raro.

calimeroesmalo dijo...

Al final lo que aprendemos con el relato es que hay que tener cuidado de como se arrojan las cosas hacía atras pues puedes desgarrarte un omoplato o desplazarte el coxis jajajaja.
¡ Puñeteros niños !

calimeroesmalo dijo...

¡ Un abracete que se me olvidaba Obdulio!